REFLEXIONES EN FRONTERA,

1_0_690607(RV).- (Con audio) RealAudioMP3 El carcelado, el enfermo, el excluido o “descartable” –como dice el mismo Francisco-; el anciano, el niño, el débil, el pobre; el pecador reincidente; ese al que Francisco va al encuentro con sus gestos y palabras -en la profundidad de las periferias existenciales-, se asombra, siente y gusta la caricia del Obispo de Roma. Se siente mirado, escuchado, considerado como persona, valorado en su dignidad de hijo de Dios.

Y disfrutando esta caricia tierna, de amor, con los gestos y palabras de Francisco sobre su cuerpo y alma, se pregunta ¿por qué Francisco hace esto conmigo? Entonces aparece quien está detrás de Francisco; emerge Jesús, Hijo de Dios, a quien Papa Francisco transparenta con sus gestos y palabras. Se hace presente alguien ciertamente más grande, a quien Francisco representa.

Por eso Francisco atrae y genera tanta esperanza, especialmente en los que estamos necesitados de esperanza. Hace de Vicario de Cristo; reedita el Evangelio, la Buena Noticia de Jesús, aquí, en Roma, en la plaza del santuario de San Pedro y allí donde va o donde llegan sus gestos y palabras a través de los medios de difusión.

Este Jesús que Francisco transparenta y hace presente con sus gestos y palabras, es más que Francisco, es el hijo de Dios que con su encarnación, muerte y resurrección nos libera, nos salva, nos defiende, nos ofrece la vida plena de Dios. Los gestos y palabras de Francisco Papa pueden parecer solamente un simple y pasajero paño de agua fría, una venda apenas. Pero son una invitación importante, fuerte, convincente a abrir el corazón de par en par a Jesús, Hijo de Dios; a convertirse y creer en el Evangelio para tener la vida plena que solo Jesús nos ofrece en su Iglesia.

p_guillermo_ortiz_sjjesuita Guillermo Ortiz

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