No a la santidad “de tintorería”. Los cristianos deben liberarse del “síndrome de Jonás”

Francisco
Francisco

El Papa durante la Misa de esta mañana en la capilla de la Casa Santa Marta advirtió sobre una «actitud de religiosidad perfecta»

DOMENICO AGASSO JR
Roma

Papa Francisco advirtió esta mañana, en la homilía de la misa en la capilla de la Casa Santa Marta, ante «una actitud de religiosidad perfecta» que solo ve la doctrina y no se preocupa de la salvación de la «gente pobre».

Según indicó la Radio Vaticana, Francisco dijo que hay que luchar en contra del «“Síndrome de Jonás”», que conduce a la hipocresía de los que piensan que para salvarse bastan las obras. El Papa reflexionó esta mañana sobre el binomio «“síndrome de Jonás”» y «“signo de Jonás”». Jesús, indicó el Papa, habla en el Evangelio de hoy de «generación malvada». Pero estas palabras fuertes no se refieren a la gente «que lo seguía con tanto amor», sino a los «doctores de la ley» que «trataban de ponerlo a prueba y tenderle una trampa». Esas personas, efectivamente, le pedían «signos» y Jesús responde que solo será dado el «“signo de Jonás”».

Después el Pontífice advirtió que también existe el «“síndrome de Jonás”». El Señor le pide que vaya a Nínive y él escapa hacia España. Jonás, afirmó el Pontífice, «tenía las cosas claras»: «La doctrina es esta […] se debe hacer de este modo y esto y lo otro», y que los pecadores se hagan bolas; «yo me voy». A los que «viven según este síndrome de Jonás», añadió Francisco, Jesús los llama«hipócritas, porque no quieren la salvación» de la «pobre gente», de los «ignorantes», de los «pecadores».

El Papa prosugió su reflexión indicando que «el “síndrome de Jonás” no se preocupa por la conversión de la gente, busca una santidad (me permito la palabra), una “santidad de tintorería”, toda bonita, toda bien hecha, pero sin ese celo de ir a predicar al Señor. Pero el Señor, ante esta generación enferma del “síndrome de Jonás”, promete el “signo de Jonás”. La otra versión, la de Mateo, dice que Jonás estuvo dentro de la ballena tres noches y tres días, referencia a Jesús en el sepulcro, a su muerte y a su Resurrección; y ese es el signo que Jesús promete en contra de la hipocresía, en contra de esta actitud de religiosidad perfecta, en contra de esta actitud de un grupo de fariseos».

El Papa prosugió su reflexión indicando que «el “síndrome de Jonás” no se preocupa por la conversión de la gente, busca una santidad (me permito la palabra), una “santidad de tintorería”, toda bonita, toda bien hecha, pero sin ese celo de ir a predicar al Señor. Pero el Señor, ante esta generación enferma del “síndrome de Jonás”, promete el “signo de Jonás”. La otra versión, la de Mateo, dice que Jonás estuvo dentro de la ballena tres noches y tres días, referencia a Jesús en el sepulcro, a su muerte y a su Resurrección; y ese es el signo que Jesús promete en contra de la hipocresía, en contra de esta actitud de religiosidad perfecta, en contra de esta actitud de un grupo de fariseos».

Francisco después llamó la atención sobre una parábola del Evangelio que ilustra este aspecto: la del fariseo y del publicano que rezan en el templo. El primero, «tan seguro de sí mismo», agradece ante el altar por no se como el publicano, que, por su parte, pide solo la piedad del Señor, consciente de ser un pecador. Este es el punto central: «El signo que Jesús promete para su perdón, a través de su muerte y su Resurrección», afirmó el Papa, «es su misericordia»: «Misericordia quiero, no sacrificios».

Francisco declaró: «El signo de Jonás, el verdadero, es el que nos da la confianza de ser salvados por la sangre de Cristo. ¡Cuántos cristianos, cuántos hay, que creen que serán salvados solamente por lo que hacen, por sus obras”». Claro, las obras «son necesarias, pero son una consecuencia, una respuesta a ese amor misericordioso que nos salva. Pero las obras solas, sin este amor misericordioso, no sirven. En cambio, el “síndrome de Jonás” solo confía en su justicia personal, en las obras».

Así pues, Jesús usa las palabras «generación malvada», y no solo: «a la pagana, a la reina de Saba, casi la nombra juez: se elevará contra los hombres de esta generación». Y esto, subrayó, «porque era una mujer inquieta, una mujer que buscaba la sabiduría de Dios».

El “Síndrome de Jonás”, para el Papa, «conduce a la hipocresía, a esa suficiencia, a ser cristianos limpios, perfectos, “porque nosotros hacemos estas obras: cumplimos los mandamientos, todo”». Y esta «es una gran enfermedad».

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