Fin de año del Papa: “¿Qué haremos por los marginados?”

Udienza generale di Papa FrancescoFrancisco preside el primer “Te deum” de su pontificado y llama a reflexionar: “¿Cómo hemos vivido el año que termina? ¿Hemos ayudado a los demás?”

ANDRÉS BELTRAMO ÁLVAREZ
CIUDAD DEL VATICANO

El Papa Francisco despidió el 2013 con un llamado a la reflexión. Un balance y un examen de conciencia, pero también una motivación para el 2014. En su última homilía del año, se dirigió a la ciudad de Roma, pero sus palabras tuvieron un valor universal. Recordó a los desempleados, a los refugiados, a los pobres y a los marginados. Y cuestionó: “¿Qué haremos, cómo actuaremos el próximo año, para hacer mejor nuestra ciudad?”.

Ante una Basílica de San Pedro llena, Jorge Mario Bergoglio presidió el primer “Te deum” (himno de agradecimiento) de su pontificado. Poco antes encabezó el rezo de las vísperas.

“La visión bíblica y cristiana del tiempo y de la historia no es cíclica, sino linear: es un camino que va hacia el cumplimiento. Un año que ha pasado, por lo tanto, no nos lleva a una realidad que termina sino a una realidad que se cumple, es un paso más hacia la meta que está ante nosotros. Una meta de esperanza y de felicidad, para que encontraremos a Dios, razón de nuestra esperanza y fuente de nuestra alegría”, señaló.

Según el Papa al final de 2013 se debe recoger, como en un cesto, los días, las semanas, los meses que se han vivido a los largo del año, para ofrecer todo a Dios. Y entonces es momento de cuestionarse “con valentía”: ¿Cómo hemos vivido el tiempo donado? ¿Lo hemos usado sobre todo para nosotros mismos, para nuestros intereses, o hemos sabido gastado también para el servicio de los demás?¿Cuánto tiempo hemos reservado para estar con Dios, en la oración, en el silencio, en la adoración?

Entonces pidió pensar también en la ciudad de Roma, interrogándose: “¿Qué cosa ha ocurrido en este año? ¿Qué está ocurriendo y qué cosa ocurrirá? ¿Cómo es la calidad de la vida en esta ciudad? ¡Depende de nosotros! ¿Cómo es la calidad de nuestra ciudadanía? ¿Este año hemos contribuido, con nuestro grano de arena, a hacerla vivible, ordenada, acogedora?”.

Estableció que el rostro de una ciudad es como un mosaico cuyas cerámicas son todos aquellos que la habitan. Reconoció que quien tiene la autoridad tiene una mayor responsabilidad, pero cada uno es corresponsable, para bien y para mal.

Para el pontífice la capital italiana tiene una belleza única, un patrimonio espiritual y cultural extraordinario, pero en ella también existen muchas personas marcadas por las miserias materiales y morales, pobres, infelices, sufrientes, que interpelan la conciencia no sólo de los responsables públicos, sino a todos los ciudadanos.

“En Roma quizás sentimos más fuerte este contraste entre el ambiente majestuoso y cargado de belleza artística, y los problemas sociales de quienes más necesitan. Es una ciudad llena de turistas, pero también llena de refugiados. Está llena de gente que trabaja, pero también de personas que no encuentran trabajo o desarrollan trabajos mal pagados y a veces indignos; y todos tienen el derecho de ser tratados con la misma actitud de acogida y de equidad, porque cada uno es portador de una dignidad humana”, constató.

Bergoglio advirtió que la Roma del año nuevo tendrá un rostro más bello sólo si será más rica en humanidad, hospitalaria, acogedora, si todos serán más atentos y generosos hacia quienes tienen dificultades, si se deciden a colaborar con espíritu constructivo y solidario para el bien de todos.

Será mejor –continuó- si no habrán personas que miran de lejos, que miran su vida sólo desde el balcón, sin involucrarse en tantos problemas humanos, problemas de hombres y mujeres que, a final de cuentas, y desde el principio, se quiera o no, son hermanos.

Instó a concluir el año 2013 pidiendo perdón y agradeciendo por todos los beneficios recibidos de Dios, en especial por su paciencia y su fidelidad, que se manifiestan en el sucederse de los tiempos, pero en modo singular en la plenitud del tiempo, cuando mandó a su hijo, nacido de una mujer.

“La madre de Dios, en cuyo nombre mañana iniciaremos un nuevo tramo de nuestro peregrinaje terreno, nos enseñe a acoger a Dios hecho hombre, para que cada año, cada mes, cada día esté lleno de su eterno amor”, apuntó.

Tras el rezo del “Te deum” el Papa Francisco se dirigió en automóvil hasta el centro de la Plaza de San Pedro, donde cumplió una visita breve al nacimiento gigante que adorna ese lugar en estas fiestas decembrinas.

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