Pensemos en tantos curas que están en el cielo y pidamos la gracia de la misericordia

1_0_779403(RV).- El Papa Francisco lleva una bolsita en el pecho con la cruz de un Rosario de un anciano confesor que era de Buenos Aires, que cuando Juan Pablo II estando en la capital argentina pidió un confesor en la Nunciatura, fue él… El Obispo de Roma en el encuentro que mantuvo con los sacerdotes de su diócesis, al comenzar la Cuaresma, contó una vivencia suya, haciendo hincapié en la gracia de la misericordia. Gracia que se debe invocar, no sólo en el tiempo cuaresmal, dijo señalando que en toda la Iglesia es el tiempo de la misericordia. Escuchemos las palabras del Papa Bergoglio contando cómo hizo para tener la cruz, del rosario de ese confesor y destacando «¡cuánto bien hace el ejemplo de un sacerdote misericordioso, un sacerdote que se acerca a las heridas»:

«Y siempre había una cola de gente allí, en la iglesia del Santísimo Sacramento. En ese tiempo, yo era Vicario General y vivía en la Curia. Y todas las mañanas, temprano, bajaba donde estaba el fax para ver si había llegado algo. Y la mañana de Pascua leí un fax del superior de la comunidad: “Ayer, media hora antes de la Vigilia Pascual, murió el padre Aristi, tenía 94 o 96 años. El funeral será tal día…”. Y la mañana de Pascua yo tenía que ir a almorzar con los sacerdotes de la residencia de ancianos – como hacía por lo general en la Pascua. Luego – me dije – después de almorzar iré a la iglesia. Era una iglesia grande, muy grande, con una hermosa cripta. Bajé a la cripta y allí estaba el ataúd, sólo dos señoras ancianas estaban allí rezando, pero no había ninguna flor. Pensé: pero a este hombre, que perdonó los pecados de todo el clero de Buenos Aires, también a mí, ni siquiera una flor… Fui a una floristería – porque en Buenos Aires en los cruces de las calles hay floristerías – y compré flores, rosas … Volví y empecé a preparar bien el ataúd, con flores … Miré el rosario en su mano … y entonces se me ocurrió … – el ladrón que todos tenemos dentro, ¿no? – Mientras arreglaba las flores agarré la cruz del rosario, y con un poco de fuerza la arranqué. En ese momento lo miré y le dije: ‘Dame la mitad de tu misericordia’. ¡Sentí una cosa fuerte que me dio el coraje para hacer esto y para este ruego! Y después esa cruz me la puse, aquí – en mi bolsillo (el Papa señala el pecho). Y aunque las camisas del Papa no tienen bolsillos, yo llevo siempre una bolsita de tela aquí (el Papa señala el pecho) y desde ese día hasta hoy, esa cruz está siempre conmigo. Y cuando tengo un mal pensamiento en contra de alguien, mi mano se dirige aquí, (el Papa señala el pecho) siempre. ¡Y siento la gracia ! Eso me hace sentir bien.

¡Cuánto bien hace el ejemplo de un sacerdote misericordioso, un sacerdote que se acerca a las heridas …

Si lo piensan bien – ustedes seguro que han conocido a muchos, muchos, porque ¡los sacerdotes en Italia son buenos. Son buenos. Yo creo que si Italia sigue siendo tan fuerte, no es tanto por nosotros los obispos, sino por los sacerdotes! Es verdad, ¿no? No los incienso para consolarlos. Es algo que yo siento así.

La misericordia. ¡Piensen en tantos sacerdotes que están en el cielo y pídanles esta gracia! ¡que les den aquella misericordia que han tenido con sus fieles. Y esto hace bien.

Muchas gracias por su atención y por estar aquí.

Angelus Domini …»

(CdM – RV)

 

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