«No se entra en la Iglesia para “cubrir” con oraciones comportamientos injustos»

PAPA FRANCISCO

PAPA FRANCISCO

Papa Francisco celebra en la parroquia de Todos los Santos, a cincuenta años exactos de la primera misa de Pablo VI según la reforma post-conciliar: «No podemos sustituir con “homenajes religiosos” lo que debemos al prójimo». Adelante con la reforma litúrgica, quien retrocede se equivoca

ANDREA TORNIELLI

ROMA

No nos ilusionemos. No se entra a la Iglesia para «“cubrir”, con oraciones y prácticas de devoción, comportamientos en contra de las exigencias de la justicia, de la honestidad y de la caridad hacia el prójimo». No podemos tampoco «sustituir con “homenajes religiosos” lo que debemos al prójimo». Lo dijo Papa Francisco en la homilía de la Misa celebrada esta tarde en la parroquia romana de Todos los Santos, en la Via Appia Nuova, en ocasión del cincuenta aniversario de la misa que celebró Pablo VI el 7 de marzo de 1965 en el mismo sitio y, por primera vez, según las nuevas normas litúrgicas post-conciliares.

Papa Bergoglio comentó el Evangelio del día, con Jesús que expulsa a los mercaderes del Templo: «Él tira los bancos y arroja al suelo el dinero, aleja a los mercaderes y les dice: “¡No hagan de la casa del mi Padre un mercado!”. Esta expresión –explicó Francisco– no se refiere solo a los negocios que se practicaban en los patios del templo. Tiene que ver principalmente con un cierto tipo de religiosidad. El gesto de Jesús es un gesto de “limpieza”, de purificación, y la actitud que él denuncia se puede encontrar en los textos proféticos, según los cuales a Dios no le gusta un culto exterior hecho de sacrificios materiales y basado en el interés personal. Es la llamada al culto auténtico, a la correspondencia entre liturgia y vida, una llamada que vale para cualquier época y también para nosotros hoy».

El Papa después recordó que la constitución conciliar “Sacrosanctum Concilium” definió la liturgia como «la primera e indispensable fuente en la que los fieles pueden encontrar el verdadero espíritu cristiano». Esto significa, subrayó, «reafirmar el vínculo esencial que une la vida del discípulo de Jesús y el culto litúrgico. No es una doctrina que debe ser comprendida o un rito que se debe seguir (también es esto, naturalmente), pero es esencialmente una fuente de vida y de luz para nuestro camino de fe».

Por ello, continuó Francisco, la Iglesia nos llama a tener y promover una vida litúrgica auténtica, para que pueda haber sintonía entre lo que la liturgia celebra y lo que nosotros vivios en nuestra existencia», expresando «en la vida todo lo que hemos recibido mediante la fe». El discípulo de Jesús «no va a la Iglesia para observar un precepto, para sentirse bien con un Dios que luego no tiene que “molestar” demasiado; va a la Iglesia para encontrar al Señor y encontrar en su gracia, que opera en los sacramentos, la fuerza de pensar y actuar según el Evangelio. Por eso no podemos pensar entrar a la casa del Señor y “cubrir”, con oraciones y prácticas de devoción, comportamientos en contra de las exigencias de la justicia, de la honestidad y de la caridad hacia el prójimo. No podemos sustituir com “homenajes religiosos” lo que debemos al prójimo, postergando una verdadera conversión».

Por el contrario, explicó el Pontífice, hay que «cumplir un itinerario de conversión y de penitencia para quitar de nuestra vida las escorias del pecado, como hizo Jesús al limpiar el teplo de los intereses mezquinos. La Cuaresma es el tiempo favorable para todo esto, es el tiempo de la renovación interior, de la remisión de los pecados, el tiempo en el que somos llamados a volver a descubrir el sacramento de la penitencia».

Al final recordando que en la misma Iglesia «el beato Pablo VI inauguró, en cierto sentido, la reforma litúrgica con la celebración de la misa en la lengua que habla la gente», Francisco expresó su deseo de que esta circunstancia «vuelva a encender en todos ustedes el amor por la casa de Dios».

Al final de la misa, el Papa saldó a los sacerdotes de la parroquia, encomendada desde su fundación a los seguidores de don Orione. El Papa saludó a los fieles que no encontraron ugar en la Iglesia: «Espero que esta parroquia siga siendo un modelo para las celebraciones litúrgicas. Me gustaría que el canto sea más fuerte. Solo escuchaba el coro», dijo a la pequeña multitud que se reunió en el patio. «Fue un gesto valiente de la Iglesia acercarse al pueblo con la reforma litúrgica. No se puede retroceder. Los que retroceden se equivocan». Con estas palabras, Papa Francisco explicó el sentido de su visita a la parroquia romana de Todos los Santos, en donde Pablo VI celebró hace 50 años la primera misa en italiano con el nuevo rito.

http://vaticaninsider.lastampa.it/