Monjas, sacerdotes, obispos, seminaristas mundanos son una caricatura

EL PAPA CON EL ARZOBISPO DE SARAJEVO

EL PAPA CON EL ARZOBISPO DE SARAJEVO

El Papa durante el encuentro en la catedral con los religiosos, religiosas y seminaristas de Bosnia Herzegovina: «recen por las familias. Para que florezcan muchos hijos. Y también para que haya muchas vocaciones»

VATICAN INSIDER

Transcripción del discurso improvisado de Papa Francisco

«Los testimonios hablaban por sí mismos, y esta es la memoria de su pueblo. Y un pueblo que olvida su memoria no tiene futuro. Esta es la memoria de sus padres y madres en la fe. Solo hablaron tres, pero detrás de ellos han muchos y muchas que también han sufrido. Queridos hermanos y hermanas, ¡no tienen derecho a olvidar su historia! No para vengarse, sino para hacer la paz. No para verlo como algo extraño, sino para amar como ellos han amado. En su sangre, en su vocación, está la vocación y la sangre de estos mártires. Y está la sangre y la vocación de muchas religiosas, sacerdotes, seminaristas… El apóstol Pablo en la carta a los hebreos dijo: “Cuidado no se olviden de sus antepasados”. Esos que les dieron, les transmitieron la fe. Estos les han transmitido la fe. ¡Estos les transmitieron cómo se vive la fe! Y el mismo Pablo dijo: “No se olviden de Jesucristo”, el primer mártir, y estos siguieron las huellas de Jesús. Retomar la memoria para hacer la paz.

Unas palabras me quedaron en la memoria, una repetida: perdón. Un hombre una mujer, un hombre que se consagra al señor y no sabe perdonar no sirve. Perdonar a un amigo que te dijo una grosería, con el que te habías peleado, o a una monja que está celosa de ti no es tan difícil. Pero perdonar al que te pega, al que te tortura, que te pisa, que te amenaza con el fusil para matarte, esto sí es difícil. Y ellos lo hicieron y ellos predican hacerlo. Otra palabra que me quedó ahí es la de los 120 días del campo de concentración: ¿cuántas veces el espíritu del mundo nos hace olvidar a estos nuestros antepasados, los sufrimientos de nuestros antepasados? Esos días se cuentan no por días, por minutos, porque cada minuto, cada hora es una tortura. Vivir todos juntos sucios, sin comida, sin agua, con el calor y con el frío, y esto durante mucho tiempo. Y nosotros que nos quejamos cuando nos duele un diente o cuando queremos tener la televisión en nuestra habitación con muchas comodidades, y que decimos chismes sobre la superiora o el superior, cuando la comida no es tan buena… no se olviden de los testimonios de sus antepasados. Piensen cuánto sufrieron ellos, piensen en esos seis litros de sangre que recibió el padre, el primero que habló, para sobrevivir. Y lleven una vida digna de la cruz de Jesucristo. Monjas, sacerdotes, obispos, seminaristas mundanos son una caricatura. No sirven no tienen la memoria de los mártires. Perdieron la memoria de Jesucristo crucificado, nuestra única gloria.

Otra cosa que me viene en mente es ese miliciano que le dio una pera a la mujer. Esa mujer musulmana, que vive en Estados Unidos, se llevó la comida. Todos somos hermanos, incluso ese hombre cruel pensó… no sé qué habrá pensado, pero sintió al Espíritu Santo en su corazón, y tal vez pensó en su madre y dijo: “Toma esta pera y no digas nada”. Y esa mujer musulmana estaba más allá de las diferencias religiosas, amaba creía en Dios y hacía del bien. Busquen el bien de todos. Todos tienen la posibilidad la semilla del bien. Todos somos hijos de Dios. Benditos ustedes que tienen tan cerca estos testimonios. No lo olviden, por favor. Que su vida también crezca con este recuerdo.

Yo pienso en ese sacerdote al que se le murió el Papá cuando era niño y luego la madre y luego la hermana y luego la abuela… Se quedó solo pero él era el fruto de un amor de un amor matrimonial. Piensen, esa monja mártir ella también era hija de una familia, y piensen en el franciscano, también con dos monjas franciscanas, y me viene a la mente lo que dijo el cardenal arzobispo: ¿qué sucede con el jardín de la vida? Se requiere la familia. ¿Qué pasa que no florece? Y recen por las familias. Para que florezcan muchos hijos. Y también para que haya muchas vocaciones.

Y finalmente yo quisiera decirles que esta ha sido una historia de crueldad. Que hoy en esta guerra mundial que vemos hay muchas muchas muchas crueldades. Hagan siempre lo contrario de la crueldad tengan actitudes de ternura. De fraternidad. De perdón. Y lleven la cruz de Jesucristo. La Iglesia la Santa madre Iglesia los quiere así. Pequeños, pequeños mártires frente a estos pequeños mártires. Pequeños testimonios de la crus de Jesús. Que el señor los bengida y por favor recen por mí.»

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