El Papa: “Cuantos hombres poderosos terminan en la miseria o en la cárcel”

Cárcel romana de Rebibbia(©Fotosede)

Cárcel romana de Rebibbia(©Fotosede)

Francisco en Santa Marta: “No hacerse encadenar el corazón con dinero, vanidad y orgullo”

DOMENICO AGASSO JR

ROMA

Riqueza, vanidad y poder “encadenan el corazón” y sin embargo “Jesús quire que tengamos un corazón libre”. Es el mensaje del Papa Francisco lanzado en la misa diaria de la Casa de Santa Marta, según recoge Radio Vaticano. “Cuantos grandes, orgullosos, hombres y mujeres de poder han acabado en el anonimato, en la miseria o en prisión”. De aquí la exhortación a no acumular dinero, vanidad, orgullo, poder. Estos tesoros, ha remarcado, “no sirven”. El Señor, ha dicho de nuevo el Papa, nos pide que acumulemos “tesoros en el cielo”.

El Papa Francisco ha desarrollado su homilía basándose en el consejo de Jesús, de quien habla en el Evangelio de hoy. “Es un consejo de prudencia” porque los tesoros de la tierra “no son seguros: vienen los ladrones”. Y si alguien piensa estar “seguro con sus inversiones”, el Papa ha advertido: “Quizá cae la Bolsa y te quedas sin nada”. Las riquezas pueden servir “a hacer cosas buenas, llevar hacia adelante la familia. Pero si las acumulas como un tesoro, ¡te roban el alma!”.

El Pontífice ha remarcado que la verdaderas riquezas son la que hacen “luminoso” el corazón como la adoración a Dios y el amor al prójimo. Y después ha advertido sobre los tesoroso mundanos que “encadenan” el corazón.

El Papa Bergoglio ha explicado los “tesoros en los que piensa Jesús”: “Principalmente en tres y vuelve siempre sobre el mismo argumento”.

“El primer tesoro: el oro, el dinero, la riqueza… “Pero no estás seguro porque, igual, te lo roban, ¿no?; ‘No, estoy seguro con las inversiones”; “Igual cae la Bolsa y te quedas sin nada. Y después, dime, ¿un euro te hace ser más feliz o no?. La riqueza, tesoro peligroso, peligroso…Pero la riqueza es buena, sirve para hacer tantas cosas buenas, para llevar hacia adelante la familia: ¡esto es verdad! Pero si tu las acumulas como un tesoro, ¡te roban el alma! Jesús, en el Evangelio, vuelve sobre este argumento, sobre la riqueza, sobre el peligro de la riqueza, sobre poner nuestra esperanza en la riqueza”.

El otro tesoro “es la vanidad: tener prestigio, dejarse ver”. Francisco ha advertido: El Hijo de Dios “¡siempre condena esto!”; basta con pensar “a lo que dicen los doctores de la ley, cuando ayunan, cuando dan limosna, cuando rezan para dejarse ver”. La vanidad “no sirve, se acaba”. Y después ha citado las palabras de San Bernardo: “Tu belleza acabará por ser la comida de los gusanos”.

Y después está el tercer tesoro precisado por el Papa: “El orgullo”, “el poder”. Sobre este aspecto Francisco se ha basado en la Primera Lectura, en la que se cuenta la caída –cruel– de la reina Atalia: “Su poder duró siete años, después fue asesinada. ¡El poder acaba!”. El Pontífice ha destacado: “Cuantos grandes, orgullosos, hombres y mujeres de poder acaban en el anonimato, en la miseria o en prisión”. Por lo tanto –ha sido la exhortación del Papa– es necesario no acumular dinero, vanidad, orgullo, poder. Porque “no sirven”.

Dios, ha continuado Francisco, pide a los hombres que acumulen “tesoros en el cielo: aquí está el mensaje de Dios: “Pero si tu tesoro está en la riqueza, en la vanidad, en el poder, en el orgullo, tu corazón estará encadenado allí. Tu corazón será esclavo de la riqueza, de la vanidad, del orgullo”. Y lo que Jesús quiere es que tengamos un corazón libre. Este es el mensaje de hoy. ‘Por favor, tened un corazón libre’, nos dice Jesús. Nos habla de la libertad del corazón. Y un corazón libre sólo se puede tener con los tesoros del cielo: el amor, la paciencia, el servicio a los demás, la adoración a Dios. Estas son las verdaderas riquezas que no pueden ser robadas. Las otras riquezas pesan al corazón, lo encadenan, no lo dejan ser libre”.

Y un “corazón esclavo no es luminoso: será tenebroso”, ha añadido. Los tesoros de la tierra “nos dan la alegría, pero sobre todo nos dan la libertad”. Al contrario, “un corazón libre y luminoso, ilumina los otros, hace ver el camino que lleva hasta Dios: un corazón luminoso, que no está encadenado, un corazón que va hacia adelante y que envejece bien, porque envejece como el buen vino: cuando el buen vino envejece es un buen vino envejecido. Que el Señor nos de esta prudencia espiritual –ha concluido Francisco– para entender bien donde está mi corazón, a qué tesoro está unido mi corazón. Y también nos de la fuerza de desencadenarlo, si está encadenado, para que sea libre, luminoso y nos de la felicidad de ser hijos de Dios: la verdadera libertad”.

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