El Papa besa las manos de don Ernest Simoni

El abrazo entre Francisco y el padre Ernest (Tirana, 21 de septiembre de 2014)

El abrazo entre Francisco y el padre Ernest (Tirana, 21 de septiembre de 2014)

Hoy por la mañana, al margen de la Audiencia general, el sacerdote albanés que pasó 28 años en prisión le regaló a Francisco una copia del libro en el que narra su historia.

REDACCIÓN
TURÍN
 Francisco acogió con un beso en las manos esta mañana a don Ernest Simoni, el sacerdote albanés que pasó 28 años en la cárcel: el Papa, conmovido, ya lo había abrazado el 21 de septiembre de 2014 en la ciudad de Tirana, después de haber escuchado la historia de su persecución. «Durante once mil días don Ernest fue sometido a torturas y trabajos forzados», indicó Mimmo Muolo, periodista del periódico italiano «Avvenire», que escribió el libro «Don Ernest Simoni. De la persecución al encuentro con Francisco». Fue el mismo sacerdote el que entregó hoy por la mañana una copia al Papa. Con él también estaba sor Marisa, representante de las ediciones paulinas que publicaron el volumen.
«Mi persecución —dijo Simoni— comenzó la noche de Navidad de 1963, cuando, por el simple hecho de ser sacerdote, fui arrestado y llevado a una celda de aislamiento, torturado y condenado a muerte». A su compañero de celda le ordenaron que registrara «la previsible rabia» del sacerdote en contra del régimen, pero don Ernest sólo tuvo palabras de perdón y de oración para sus carceleros. Y así, lo perdonaron y lo condenaron a 25 años de trabajos forzados en las minas y en las cloacas de Scutari. «En la cárcel —recordó el sacerdote— celebré la misa en latín de memoria y también daba la comunión».

El 5 de septiembre de 1990 llegó finalmente la libertad y don Ernest volvió a comenzar su actividad pastoral que, reveló, en realidad nunca había interrumpido, «sino solamente vivido en un contexto especial». Y su primer acto fue el de confirmar el perdón a sus carceleros: «para ellos —precisó—invoco constantemente la misericordia del Padre». Ante la inevitable pregunta sobre cómo pudo resistir a tal persecución sin desfallecer, don Ernest respondió con una sonrisa antes de revelar su secreto: «Pero si yo no hice nada extraordinario, siempre he rezado, siempre he hablado sobre Jesús».

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