“El lugar privilegiado para el encuentro con Jesucristo son los propios pecados”

(©LAPRESSE) LA TERNURA DEL PAPA

(©LAPRESSE) LA TERNURA DEL PAPA

Y no es una “herejía”, explicó el Papa en la homilía de Santa Marta: “Reconocer nuestra miseria es la puerta que se abre a la caricia y al perdón del Cristo”

DOMENICO AGASSO JR

ROMA

La salvación solamente entra al corazón de quienes se reconocen pecadores. Hay muchos intelectuales, personas de cultura o de poder que olvidan “los gestos elementales de la gente”, y en las propias “teorías” o “en la vida de gobierno” no comprenden la importancia de estos gestos. Son reflexiones que expresó el Papa en la homilía de la misa matutina en la capilla de la Casa Santa Marta, según indicó la Radio Vaticana. El Pontífice comenzó partiendo del pasaje del Evangelio del día en el que una pecadora lava los pies de Jesús con sus lágrimas y los rocía con perfume, suscitando la ira de un fariseo que había llegado al lugar para escuchar la doctrina del Hijo de Dios.

En clave de fe, el Papa relacionó la capacidad de llevar a cabo gestos como los de la pecadora con la capacidad de reconocernos pecadores, abriéndonos (y esta es la única vía) a los gestos de amor y de ternura de Dios. De hecho, el Papa concluyó con la advertencia de que «pecadores y prostitutas» entrarán al Reino de los Cielos.

El fariseo, comentó el Pontífice, juzga en su interior tanto a la pecadora como a Jesús, porque, “si fuera un profeta sabría quién es y de qué clase es la mujer que lo toca”. “Non era malo”, pero “no logra entender aquel gesto de la mujer”: “No logra comprender los gestos elementales: los gestos elementales de la gente. Quizá este hombre había olvidado cómo se acaricia a un niño, como se consuela a una abuela. En sus teorías, en sus pensamientos, en su vida de gobierno – porque tal vez era un consejero de los fariseos – había olvidado los gestos elementales de la vida, los primeros gestos que todos nosotros, recién nacidos, hemos comenzado a recibir de nuestros padres”.

Jesús – subrayó Francisco – reprocha al fariseo “con humildad y ternura”: “Su paciencia, su amor, las ganas de salvar a todos” lo lleva a explicarle lo que ha hecho la mujer y qué gestos de cortesía no ha tenido él. Y entre las murmuraciones escandalizadas de todos, dice a la mujer: “¡Tus pecados son perdonados!”. “Vete en paz, ¡tu fe te ha salvado!”: “La palabra salvación– ‘Tu fe te ha salvado’ – la dice sólo a la mujer, que es una pecadora. Y lo dice porque ella ha logrado llorar sus pecados, confesar sus pecados, decir: ‘Yo soy una pecadora’, a decírselo a sí misma. No lo dice a aquella gente, que no era mala: ellos no se creían pecadores. Pecadores eran los demás: los publicanos, las prostitutas… Esos eran pecadores. Jesús dice esta palabra – ‘Tú estás salvado, tú estás salvada, te has salvado’– sólo a quien sabe abrir el corazón y reconocerse pecador. La salvación sólo entra en el corazón y cuando nosotros abrimos el corazón en la verdad de nuestros pecados”.

“El lugar privilegiado del encuentro con Jesucristo – recordó el Papa – son los propios pecados”. Esto parece una “herejía – observó Francisco – pero también lo decía San Pablo” que se vanagloriaba sólo de dos cosas: de sus pecados y de Cristo Resucitado que lo ha salvado: “Y por reconocer nuestros propios pecados, reconocer nuestra miseria, reconocer lo que nosotros somos y lo que somos capaces de hacer o hemos hecho es, precisamente la puerta que se abre a la caricia de Jesús, al perdón de Jesús, a la Palabra de Jesús ‘¡Vete en paz, tu fe te salva!’, porque has sido valeroso, has sido valerosa al abrir tu corazón a Aquel que sólo puede salvarte”.

Jesús dice a los hipócritas: “Las prostitutas y los publicanos los precederán en el Reino de los Cielos”. “¡Es fuerte esto!” – concluyó diciendo el Papa Francisco – porque cuantos se sienten pecadores “abren su corazón en la confesión de los pecados, al encuentro con Jesús, que ha dado su sangre por todos nosotros”.

 

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